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Colloquium (Acto III: La entrevista II)

Marco caminaba con la cabeza gacha mientras pensaba en todo lo acontecido a lo largo del día. De camino a la taberna donde le esperaban los Desquiciados, la oscuridad había caído a plomo sobre la ciudad, y eso había ensombrecido aún más su ánimo. ¿Con qué se iba a encontrar a lo largo de esa noche?

Llegó al lugar de reunión y empujó la puerta tras tomar un poco de aire para coger ánimo. El lugar, como de costumbre, estaba medio vacío y las viejas lámparas que decoraban la pared apenas emitían luz, por lo que el sitio, después del descubrimiento de esa tarde, le pareció de lo más lúgubre.

Al fondo, en el lugar habitual, la pareja ya le estaba esperando y al verle, le hicieron alegres gestos de bienvenida. Según recorría el pasillo para reunirse con ellos, miraba de reojo las viejas fotografías que adornaban el local. La verdad es que no ayudaban nada a relajar la sensación de agobio que se había adueñado de él. Desde que vio la película Los otros, las fotos de gente de épocas pasadas de daban cierto repelús. Y si además, sus caras estaban ligeramente difuminadas, como era el caso de los retratos de la taberna, la sensación era aún mayor.

Por fin llegó junto a los desquiciados y después de los saludos correspondientes tomó asiento en la misma silla que la noche anterior. Sacó torpemente sus cosas de la mochila y ante la mirada inquisitiva de la pareja, que parecía haber notado la repentina incomodidad de Marco, puso en marcha la grabadora. Cogió su vaso, que la pareja se había encargado de tenerle preparado, y de un trago vació la mitad de su contenido antes de efectuar la primera pregunta de la noche.
  • Empecemos, si os parece bien – ante lo que ambos asintieron, todavía perplejos por la inesperada exhibición bebedora de su entrevistador -. ¿Por qué tanto mal rollo y oscuridad en vuestras historias?
  • Cuando era pequeña – contestó Laura tras un momento – y todas mis compañeras de colegio se pedían ser princesas en los juegos, a mí me encantaba ser la bruja malvada. Pintaba de negro el pelo y los labios de las niñas rubitas en los cuentos que me regalaban (mi madre se volvía loca). Me escondía detrás de la puerta cuando había una película de terror y me mandaban a la cama… Supongo que las cosas oscuras y que daban mal rollo han formado parte de mí desde siempre. Lo único que hago ahora es expresar todo eso con el dibujo y he encontrado a la persona perfecta para que acompañe esa forma de expresión.
Javi asentía mientras su compañera respondía, pero no añadió nada a la respuesta.
  • ¿Cómo os organizáis para sacar las cosas adelante? ¿Cual es vuestro método de trabajo?
  • Yo lo definiría como: caótico, poco disciplinado, desorganizado – contestó el Desquiciado con una risita -. Se nos ocurren ideas, nos las contamos, a veces las sacamos adelante y otras no. A veces las ideas se le ocurren a uno, se las cuenta al otro y es éste el que termina de definir lo que se va a hacer.
  • Tenemos que decir que hay unos cuantos proyectos que hemos empezado y se han quedado al final en el tintero, o bien porque la cosa no fluía, o bien porque era un trabajo excesivo para sacarlo adelante – añadió Laura después de dar un sorbo a su cerveza.
  • ¿Tenéis algún lugar especial donde buscáis inspiración?
  • En realidad no buscamos la inspiración, siempre la encontramos por casualidad, nos inspiramos en cosas que vemos y nos hacen gracia: cuentos infantiles, el hijo de Javi, mis sobrinas, libros que hemos leído, ilustradores que nos encantan, películas que disfrutamos…
  • Sí, en mi caso – comenzó a decir Javi – cuanto más busco a mi Musa, mejor se esconde. Debe ser por el olor. Pero no siempre lo consigue, y ahí es cuando aprovecho.
  • Respecto al método de trabajo, gracias a la era de internet, Javi escribe en su casa y yo dibujo en la mía. Luego nos mandamos lo que hemos hecho por e-mail y terminamos de darle forma. Cada pocos días hacemos reuniones en este, nuestro despacho y exponemos las cosas pendientes para darles soluciones en común.
  • ¿Tenéis algún lugar especial para trabajar? Una hora concreta… – Marco hacía las preguntas sin apenas esperar a que terminaran de responderlas – ¿Os gusta trabajar con música de fondo o preferís, por el contrario, el silencio?
  • Por mi parte, no hay lugar especial – se adelantó Javi -. Si lo hubiera, estaría muy lejos de aquí, te lo aseguro.
  • Cuando me pongo a dibujar suele ser en el salón – añadió Laura -, es mi lugar favorito de la casa con todas las plantas alrededor y la luz que entra. A pesar de que yo sea un poco “oscura” me encantan las casas con una buena luz natural. Nunca pongo música de fondo. Me encanta el silencio y como vivo con una persona que tiene que estar constantemente poniendo música de fondo (es un enfermo musiquero), cuando trabajo me gusta no escuchar nada. Lo mismo me pasa cuando leo un buen libro.
  • El lugar donde vivo, el silencio es un gran desconocido, por eso prefiero tener algo de música de fondo. Más que nada para intentar aislarme del exterior.
En ese momento, Marco, aprovechando que por un instante los desquiciados dejaron de mirarle para tomar un trago de sus cervezas, les hizo una foto a escondidas con el móvil, con el que no había dejado de juguetear durante todo ese tiempo. Deseó que, a pesar, de los nervios, la foto no hubiera salido movida. Después, como quién no quiere la cosa, se guardó el teléfono en el bolsillo.
  • Bien, hablemos ahora de vuestros trabajos. ¿Cómo surgió la idea de Selene?
  • Cuando decidimos zanjar El Freakfanato nos dedicamos temporalmente a Donde acaban los niños malos – dijo Laura -, que no eran precisamente adecuados para niños. Tanto Javi como yo tenemos a ciertas personillas importantísimas en nuestras vidas, así que había que hacer algo que pudiéramos compartir con ellos, así que se nos ocurrió pensar en algo. Hace un par de navidades regalamos a mis sobrinas la increíble película de Miyazaki “Ponyo en el acantilado” que se convirtió en su peli favorita, la veían una y otra vez. De ahí surgió la inspiración del personaje.
  • ¿Y los famosos niños malos?
  • Cansada de dibujar pequeñuelos cabezones con lineart, Laura decidió empezar a experimentar otra forma de dibujo, y de ahí salió la preciosa Kamilla. Me inspiró tanto como para crear una historia que diese más vida aún al personaje y así empezamos con aquel blog, que ahora se ha convertido en web y lo que es más importante, en libro.
  • Los tenemos un poco abandonados últimamente. Las vías de comunicación con ese reino de penumbra parecen haberse cortado – añadió Laura taciturna, algo que a Marco no le hizo demasiada gracia. Ya no sabía cómo tomarse esa clase de respuestas.
  • Habladme del libro de los niños malos, ¿por qué os decidisteis a dar el paso de publicar las historias en papel, con la que está cayendo en el mundo editorial, si los relatos ya están disponibles en vuestra página?
  • A Javi se le ocurrió la idea de darle un contexto a las historias sueltas que habíamos acumulado a lo largo de los meses anteriores en el blog. Por otra parte, teníamos ganas de ver impresos en papel los dibujos que tantas horas nos habían costado y nos constaba que había gente que también querría llevarse a nuestros niños a sus casas.
  • Por cierto, un libro que autoeditásteis. ¿No se lo hicisteis llegar a ninguna editorial antes para intentar que os lo publicaran?
  • La verdad, es que no. Somos muy conscientes de que tenemos mucho por mejorar aún como para que una editorial se interese por nuestro trabajo.
  • Pero estamos en ello – añadió Javi –. Tiempo después sí que lo ofrecimos a una editorial, pero no hubo suerte. Sin embargo, estamos muy agradecidos a la evaluación de la obra que nos hicieron llegar.
  • Sí, nos ayudaron mucho a aclarar ideas.
  • Bueno, ¿qué me decís de las Horror Series?
  • Un día de esos en los que Javi se levanta inquieto, subió al Facebook un viejo dibujo del especial de Halloween de El Freakfanato. Era uno de los personajes disfrazado de Jason Voorhees, de Viernes 13. Un comentario de los que nos dejaron sugería que subiéramos una versión del cenobita Pinhead, y esa misma tarde me puse a ello.
Como soy una loca del cine de terror, tanto clásico como moderno, se me ocurrió continuar dibujando a los personajes más emblemáticos de ese género desde mi punto de vista.
  • La pena es que la gente no se anime más a hacernos sugerencias.
  • ¿Por qué son casi siempre niños los protagonistas de vuestros trabajos?
  • Porque Laura no sabe dibujar adultos – contestó Javi con una carcajada mientras miraba de reojo a Laura, a la vez que esta le devolvía una mirada de esas que taladran cerebros.
  • Es verdad – dijo sin embargo muy digna – pero es algo en lo que estoy trabajando.
  • ¿Alguno de vuestros personajes se basa en alguien real?
  • De los proyectos que tenemos actualmente en marcha solamente Ludmila, un personaje secundario de Selene y los Von Faust, está basado e inspirado en una persona de carne y hueso. Aunque todo el mundo dice que Zoe soy yo, en realidad se parece, pero no me he inspirado en mi misma para hacerla.
  • Entre los niños malos también hay alguien que se merecía una historia – respondió Javi mientras una mirada extraña se formaba en su cara y su respiración se aceleraba. Laura puso una mano sobre su hombro y esto pareció calmarle algo.
  • Bueno y los tres niños protagonistas de Atul son sin duda mis sobrinas Olalla e Iria y el niño de Javi, David – añadió Laura cuando vio que su amigo había vuelto a la calma y disfrutaba de su cerveza.
Marco había descubierto escarbando en el blog, y en su perfil de Facebook, que Desquiciados, además de todos esos trabajos siniestros ya conocidos, habían autoeditado también un cuento en apariencia muy colorido e infantil.
  • Atul, creo que es un gran desconocido para la gente que os sigue. ¿Qué es exactamente? ¿Por qué ese cambio de registro en ese libro?
  • Antes de dar por cerrado definitivamente El Freakfanato, una editorial se interesó en publicar un cuento con nuestros nenes como protagonistas – contestó Javi -. Se tituló “El troll, una historia de El Freakfanato”. Poco después se pusieron en contacto, de nuevo, porque tenían interés en publicar otro cuento infantil y habían pensado en nosotros para hacerlo.
  • Javi escribió esta historia y yo hice los dibujos acorde con el público al que iba dirigido. No siempre se puede meter vampiros y niños malos. Es una historia preciosa y tierna y los dibujos debían reflejar eso mismo. Al final la editorial no se decidió a publicarlo y tiempo después encargamos a una imprenta unos cuantos ejemplares para nosotros.
  • ¿Y no lo habéis ofrecido al público?
  • En su momento anunciamos que teníamos algún ejemplar disponible y hubo gente que sí se animó a pedirnos uno – contestó Javi -. Y una de esas personas, cuando lo recibió y su hijo lo leyó, compartió con nosotros algo que nos emocionó mucho.
  • Todavía nos quedan un par de ellos, por si a alguien le interesan… – dijo Laura mirando fijamente a Marco.
  • Veremos, veremos… – contestó nervioso -. Muy bien, ¿Cuál es vuestro método de promoción?
  • Facebook principalmente, el marketing desde luego no es lo nuestro.
  • Confiamos en que lo que hacemos guste a la gente, y a partir de ahí, que funcione el boca a boca. O mejor dicho, el muro a muro.
  • Claro que por el momento a pesar del esfuerzo de algunas personas a las que se lo agradecemos de corazón, la cosa no termina de arrancar. Está todo muy saturado de gente que hace cosas de todo tipo, y destacar se hace muy difícil, la verdad.
  • ¿Habéis pensado en dar un paso más con vuestras creaciones y animar vuestras historias?
  • Lo hemos pensado, re-pensado, hablado y re-hablado. El problema es que todavía no nos hemos puesto en serio con las aplicaciones para ello. Además, somos conscientes de lo duro y trabajoso que es, por lo que deberíamos dejar de lado otros proyectos para centrarnos en eso y, de momento, no nos hemos decidido.
Marco detuvo la grabadora y sugirió hacer una pausa antes de terminar con la última ronda de preguntas, que pondría punto y final a la entrevista. Laura aprovechó para levantarse y dirigirse al servicio mientras una nueva ronda era depositada en la mesa junto con algo de comer. No había pasado un minuto cuando Laura estaba de nuevo de regreso ante la sorpresa de Marco, que se vio reflejada en su cara. Javi se acercó a su oído, y le susurró:
  • Tío, yo tampoco entiendo como lo hace. Una mujer normal y corriente no tarda tan poco en hacer sus cosas, ¿a que no? Debe de ser brujería…
Y se separó de nuevo guiñándole un ojo a escondidas de la chica. La forma en que se lo había dicho, turbó a Marco, que estaba muy susceptible a los posibles comportamientos extraños que pudieran darse en la pareja esa noche. Y como pudo comprobar más tarde, motivos no le faltaban.

Mientras daban cuenta de la bebida y la cena, la charla transcurrió por derroteros menos misteriosos. Los Desquiciadosse interesaron por la marcha de los estudios de Marco, y además, lograron sonsacarle cosas acerca de su querida amiga María. Cuando terminaron con el tentempié, la mesa fue recogida por una servicial camarera, que dejó tres nuevas jarras antes de… desaparecer. O eso le pareció a Marco, ya que siguió, al igual que Javi, a la camarera mientras se marchaba y al llegar a una zona más oscura del local la chica pareció desvanecerse.

Marco se frotó los ojos y culpó a la cerveza que llevaba consumida esa noche de lo que había visto. Pobre infeliz.

 

Colloquium (Acto II: La entrevista)


La tarde siguiente Marco acudía a su cita totalmente preparado para efectuar una entrevista, en su opinión, bastante profesional. Durante la noche, a pesar de tener un importante mareo provocado por los cuatro tercios que había tomado, realizó una intensa sesión de investigación.

Para empezar, buscó a Desquiciados SC en Facebook, porque sabía que ese era su medio principal de promoción, y seguramente sacaría algo en claro de cómo eran a través de sus publicaciones y comentarios. No llegaban a los cien amigos, o contactos, algo raro en gente que trata de darse a conocer. Una vez que se metió de lleno en su perfil comprobó que tan solo tenían relación habitual con un puñado de ellos. Entre otras cosas pudo descubrir los otros trabajos en los que andaban metidos, y además, que tenían un blog desde donde se podía acceder fácilmente a todo su mundo. Tomó buena nota de todo y, acompañado de una taza de café bien cargado, visitó sus páginas.

Decidió empezar por la que ya conocía, Donde acaban los niños malos. Después de leer todos y cada uno de los relatos necesitó un tiempo para reponerse del mal rollo que se había instalado en su cuerpo. Los dibujos eran oscuros y siniestros, a pesar de que sus protagonistas eran niños y niñas, una sensación de inquietud crecía al ir leyendo  la historia de cada uno de ellos. Comprobó, con un nudo en el estómago, que en esa página no había lugar para la alegría. Dejando aparte el contenido, pudo comprobar que el estilo narrativo claramente no pertenecía a un escritor, digámoslo así, profesional. La escritura era correcta, sin alardes, y se podía percibir una ligera evolución en su calidad entre los primeros escritos y los últimos. También averiguó que habían autoeditado un libro con todos los relatos y lo habían puesto a la venta. Sería algo sobre lo que les preguntaría en la entrevista.

Con ganas de quitarse de encima esa sensación tan incómoda, decidió visitar su otra web: Selene y los Von Faust. Se sorprendió gratamente de que fuera una web de marcado tono infantil, aunque no abandonase ese estilo oscuro y gótico que era habitual en ellos. Esa página, además de contener historias cortas dirigidas principalmente a los niños, incluía una serie de pasatiempos también para los más pequeños, y Marco no pudo evitar quedar  atrapado en ella bastante rato mientras trataba de resolver los puzles que contenía.

Se le hizo bastante tarde, pero tuvo tiempo de regresar al blog y ver su otro trabajo actual: DSC Horror Series. Se trataba de una serie caricaturas de monstruos del cine, entre los que había algunos que no conseguía identificar. No era un gran amante del cine de terror.

Y con esa última ración de monstruos, apagó el ordenador y se fue a dormir pensando en que esos Desquiciados tenían una vena un tanto rarita…

Llegó a la taberna media hora antes de la hora a la que habían quedado, pero al entrar por la puerta pudo ver que los Desquiciados ya ocupaban el mismo sofá que la noche anterior. Cuando llegó junto a ellos, una camarera estaba terminando de dejar tres vasos de casi un palmo y medio de altos, hasta arriba de exquisita cerveza de trigo.

           – Pensamos que ayer te habrías quedado con sed – dijo Javi cuando dejó de mirar a la camarera alejarse -. ¿Empezamos?

Después de los saludos de rigor, y de acomodarse en su asiento, Marco sacó su grabadora y se dispuso a comenzar la entrevista.
  • – Si os parece bien, para empezar, podéis contarme como os conocisteis – preguntó.
Ambos se tomaron un momento para ver quién empezaba y fue Laura quién empezó diciendo:
  • – Pues resulta que, dos años atrás, yo trabajaba en una aburrida empresa que prestaba servicio informático a otra empresa más grande, y más aburrida entre otras cosas, y nos habían avisado de que iba a haber una nueva incorporación al equipo. A la semana apareció Javi por la puerta. Al principio todos pensábamos que era sordomudo y, por qué no decirlo, un poco inquietante, ya que apenas se comunicaba con el resto, ni nosotros lo hacíamos con él.
  • – Sí, tengo fama de callado – dijo Javi tras ver la mirada que Marco le dirigía -. Fama bien ganada por otra parte. No es que sea un borde ni nada parecido, solo pienso que si no hay nada que aportar a una conversación mejor quedarse calladito. Así que puedes imaginar qué clase de conversaciones se daban en ese sitio – y bebió un sorbo mientras esbozaba una sonrisa y miraba a Laura de reojo. Ésta puso los ojos en blanco y continuó hablando:
  • – Pasaron los meses y la cosa no variaba, él llegaba, hacía sus cosas y se iba. Pero un buen día, se me ocurrió, en un momento de aburrimiento sumo, ponerme a dibujar una muñequita de grandes ojos negros y vestido de calaveritas, que bauticé como Etel. Tras enseñársela a todos, por primera vez Javi se dirigió a mí con una frase de más de dos palabras: “De esto podemos hacer una página web con historias cortas de coña para acompañar a los dibujos…”, y esa fue la primera piedra de nuestro querido y malogrado Freakfanato, y poco a poco, de nuestra amistad.
  • – ¿Freakfanato? – respondió Marco – , ¿qué es Freakfanato?
  • – Fue nuestro primer proyecto, acompañado de otras personas que en ese momento trabajaban con nosotros – dijo Javi mientras Laura refrescaba el gaznate con un gran sorbo de su pinta.
  • – No tenía ni idea, la verdad. Vais a pensar que no he preparado la entrevista, pero es que no he visto nada de ese Freakfanato en vuestro blog.
  • – Es que, por desgracia, no tuvo final feliz. Fue consumido por las llamas de… – añadió el Desquiciado con dos rendijas por ojos pero dejó la frase a medias – Preferimos dejar ese tema en el olvido si no te importa, ya que a pesar de ser lo que nos abrió las puertas para que la gente nos fuera conociendo y que nosotros conociéramos también a gente muy maja, nos trae recuerdos que nos revuelven las tripas…
  • – Sip, mejor lo dejamos – añadió Laura.
Marco pensó que quizá más adelante, con más cerveza corriendo por las venas de la pareja, podría sacar alguna información sobre el tema. Iluso.
  • – Bueno, entonces ¿con ese Freakfanato comenzó Desquiciados SC?
  • – No, Desquiciados surgió más adelante – contestó Laura -. Como te he dicho antes, ese proyecto lo hicimos acompañados, nunca mejor dicho, de otras dos personas. Con el tiempo pasaron ciertas cosas que hicieron que nuestra forma de trabajar cambiara bastante. A un comienzo lleno de ilusiones y de buenos propósitos por parte de todos, lo siguieron tiempos un poco más revueltos cuando se fue viendo la actitud de ciertas personas.
  • – Un velo de mal rollo, atraído por la sensación de que nosotros dos cargábamos con todo el peso y el trabajo del proyecto, nos cubrió poco a poco – añadió Javi con gesto teatral y continuó, ya en un tono normal -, y la confianza que habíamos depositado en el resto del equipo se fue resquebrajando. Hasta que pasaron cosas que a Laura y a mí nos afectaron bastante. Quedamos bastante tocados y tristes.
  • – De repente – intervino Laura de nuevo -, en la cabecita loca de una de nuestras compañeras urdíamos una diabólica conspiración para yo que sé qué, y todo estalló de muy malas maneras. Y así surgió esta asociación. Y qué mejor nombre para ella que el estado de ánimo en el que nos habían dejado.
  • – Lamento oír que las cosas acabaran tan mal – dijo Marco -. Bueno, en vuestros trabajos, lo primero que llama la atención son tus dibujos, Laura. ¿Cuánto tiempo llevas dibujando?
  • – Desde que tengo uso de razón mi mayor afición ha sido el dibujo. Ni las muñecas, ni los cochecitos, ni los juegos de mesa… Lo mío desde bien pequeña era destrozar lápices y papeles cual niña poseída. Por desgracia, nunca me dio por estudiar nada relacionado con el arte ni la pintura. Pero bueno, ahí estoy, aprendiendo algo nuevo cada día.
  • – Como me has dicho antes, Javi, lo de escribir historias surgió más que nada para acompañar a los dibujos de Laura. Pero, ¿desde cuándo tienes la inquietud de escribir historias?
  • – Te podría decir que desde que tengo uso de razón, o que mi madre me castigaba porque todas las mañanas mis sábanas aparecían con grandes manchas de tinta producidas por quedarme dormido con el bolígrafo en la mano, o que siento la necesidad de expresar las inquietudes que atormentan mi alma a través de palabras. Pero si te soy sincero, y como cualquier lector habitual puede notar en mi estilo de escritura, nunca me había dado por escribir hasta que no comencé con esto. Siempre he sido más de leer, y nunca he sentido la necesidad de escribir historias. No voy de escritor, ni mucho menos. Pero he de reconocerte, que hacerlo me gusta cada vez más, y hago todo lo posible por intentar mejorar día a día.
  • – Y, ¿vuestras familias qué opinión tienen de vuestro trabajo?
  • – ¿Mi familia? – comenzó a decir Laura – Tienen todos nuestros libros. Mis sobrinas llevan nuestras camisetas, y cuando alguna de ellas pide que le pongan alguna de Bob Esponja, o de Dora la Exploradora, tanto mi madre como mi hermana las convencen como pueden de lo bonitos y molones que son Selene y Ozzy, personajes de Selene y los Von Faust. O sea, que son las únicas que nos compran camisetas, jajajajaja. Solo por eso ya me siento apoyada.
  • – Es muy gracioso ver como mi madre luce las chapas de los niños malos puestas en su bolso – añadió Javi con una sonrisa de oreja a oreja -. A pesar de ser muy siniestros para ella, le encanta llevarlas. La verdad es que no nos podemos quejar de apoyo familiar.
  • – Vamos a tratar de conocer un poco más sobre vuestros gustos y aficiones. Por ejemplo, ¿qué libros y a qué autores podremos encontrar en vuestras estanterías?
  • – En mi caso podrás encontrar mucha literatura fantástica – comenzó Javi -. Por supuesto, El señor de los anillos y Canción de hielo y fuego. También tiene un sitio especial las sagas de El señor de la guerra y Sajones, vikingos y normandos de Bernard Cornwell. Tengo gustos muy variados, pero vamos, principalmente fantasía y el terror. Autores… además de los que ya he dicho, Terry Pratchett, Neil Gaiman, Joe Hill… Y de los clásicos: Horacio Quiroga, Poe, Mary Shelley… Buff, demasiados para aburrirte con ellos.
  • – Mi libro de cabecera permanente – dijo Laura – es El tambor de hojalata, de Gunter Grass. Me lo leo una y otra vez. Ya sé que esperabas algo de Stephen King, Edgar Allan Poe o Guy de Maupassant… Pues también me encantan, al igual que Neil Gaiman, Bram Stoker y Lovecraft.
  • – ¿Y de niños? ¿Qué libros solíais leer?
  • – El pequeño vampiro, El principito, Alicia en el país de las maravillas… – dijo Laura – Y esos cuentos tristes de Andersen y Wilde: La sirenita, La cerillera, El gigante egoísta, El ruiseñor y la rosa, La reina de las nieves…
  • – Yo de pequeño no era tan siniestro para la lectura: los cuentos de los hermanos Grimm, Los caballeros del rey Arturo, Mortadelo y Filemón… Luego ya descubrí El señor de los anillos, y a partir de ahí…
  • – ¿Y qué me decís del cine? Aunque creo que ya me hago una idea…
  • – Bueno – contestó Laura -, aparte de la idea que te hayas hecho, que seguro que es correcta, para hacer la respuesta más breve te puedo dar un par de nombres representativos del cine que no me gusta nada: Meg Ryan y Julia Roberts.
  • – Te puedo decir lo mismo – añadió Javi -, no es que me guste un tipo de películas en concreto. Pero vamos… en cuanto una película se basa en amoríos, procuro alejarme lo suficiente de ella. Donde estén la fantasía, la épica, el misterio…
  • – Muy bien, Laura, ¿qué opinión tenéis sobre las últimas tendencias respecto al género de terror, que se dan en la literatura y el cine actuales? Esa invasión de vampiros, zombies…
  • – Mierda, mierda y mierda. Odio que algo que siempre hemos disfrutado los cuatro frikis de turno se haya convertido en algo masivo y comercial. Échale la culpa a los vampiros reflectantes de Crepúsculo, a The walking dead o Underworld. Para mí, los auténticos siempre serán aquellos seres rodados con bajos presupuestos y mucha imaginación. Con mucho presupuesto y el toque suficiente de ñoñería cualquiera puede hacer algo comercial.
  • – Yo no soy tan radical – aportó Javi -, pero hay cosas que me matan. Admito que he leído la saga Crepúsculo. Me regalaron el primer libro y ya me obligué a terminarla ya que quería ver como la autora le daba solución a esa relación necro-zoofílica que plantea. Y vamos… Yo opino que puedes escribir lo que quieras basado en criaturas míticas como vampiros, hombres-lobo, y que quieras darles un toque “personal”, pero hay ciertas cosas que hay que respetar.
  • – Cierto. ¿Qué soléis hacer en los ratos en los que dejáis el trabajo de Desquiciados aparte?
  • – Yo cuando puedo organizo aquelarres con mis amigas. Vamos a un bosque a medianoche, encendemos un buen fuego y bailamos desnudas alrededor de la hoguera.
Marco se quedó mirando a Laura sin saber si hablaba en serio o si lo hacía en broma. Su expresión no aclaraba mucho las cosas.
  • – Menudas brujas – añadió Javi entre risas para terminar de confundirlo más -. No logro averiguar donde los hacen y se niega a decírmelo. Así que si quiero aquelarre, tengo que buscarme mi propia cabra y montármelo yo solo…
En ese momento Laura estaba bebiendo y cual aspersor expulsó el trago que acababa de tomar sobre el pobre Marco, al que pilló totalmente desprevenido ya que todavía estaba asimilando lo que acababa de escuchar. Las carcajadas de los desquiciados interrumpieron el breve silencio que se produjo en ese momento y mientras se tranquilizaban, el chico se disculpó y se levantó para ir al baño.
Pocos minutos después, regresó, y tomó asiento de nuevo a la vez que Laura se disculpaba por el pequeño incidente anterior.
  • – ¿Ves lo que tengo que aguantar? – le dijo mientras realizaba un extraño gesto furtivo con la mano, como si apartara algo invisible… y molesto.
  • – Te quejarás – protestó Javi haciéndose el ofendido.
Marco se dio cuenta, entonces, de que se habían quedado solos en el local, incluso las solícitas camareras se habían esfumado, sin embargo tres nuevas pintas esperaban a ser consumidas. No era muy tarde y le resultó extraño ver el local vacío, pero no le dio mayor importancia. Marco aceptó las disculpas y volvió a coger su cuaderno, secó como pudo la hoja mojada y continuó con la entrevista.
  • – Si tuvieseis la oportunidad de colaborar con algún artista consagrado, ¿con quién os gustaría hacerlo?
  • – Llamamos constantemente a Tim Burton y a Neil Gaiman, pero inexplicablemente después de la décima vez han dejado de cogernos el teléfono… – dijo Javi.
  • – Y de los emails no tenemos respuesta, deben tener mal el correo – añadió Laura pesarosa.
  • – Si Desquiciados SC no existiera, ¿qué estaríais haciendo ahora mismo?
  • – Seguramente me dedicaría a la informática para ganarme el pan, como hago ahora, y en mi tiempo libre, en vez de dibujar o planear futuros proyectos retomaría mis estudios de brujería, que he dejado de lado por esto.
  • – Yo no me lo planteo, sinceramente. También soy informático, pero vamos…
Después de esa respuesta, Marco apagó la grabadora y les comunicó que ya tenía suficiente para la primera parte de la entrevista. 
Dada la hora que era, pidieron algo ligero para cenar y comentaron sus impresiones con respecto a cómo había ido la sesión. Marco les reconoció que alguna de las respuestas le habían sorprendido y que no sabía hasta qué punto podía tomárselas en serio.
  • – En todas las respuestas hemos sido fieles a la verdad – comentó Laura -, claro que en algunas hemos añadido algún ingrediente extra, que nunca viene mal.
Continuaron cenando y charlando de cosas triviales, y cuando terminaron, Marco se despidió con la promesa de regresar a la noche siguiente para continuar con la segunda tanda de preguntas.
Hora y media más tarde se encontraba tumbado en su cama. Vivía en un piso alquilado junto a dos compañeros de la facultad que esos días se encontraban fuera de Madrid. Intentaba reunir fuerzas para transcribir lo que había grabado. Pero aunque su voluntad solía ser férrea a la hora de trabajar, el insoportable dolor de cabeza que se había alojado en su cráneo, tras meterse para el cuerpo una pinta tras otra durante la entrevista, ejercía un gran poder de persuasión y le convenció para tomarse un ibuprofeno y tratar de dormir. Ya tendría tiempo al día siguiente de recuperar el tiempo perdido.
Pasaban de las doce de la mañana cuando abrió los ojos y, al hacerlo, tuvo que volver a cerrarlos para conseguir que el mundo dejase de dar vueltas. Pasados unos segundos volvió a intentarlo y esta vez consiguió fijar la vista en un punto concreto. Comprobó que el dolor de la pasada noche casi había desaparecido aunque todavía, de vez en cuando, se hacía notar en forma de cruel pinchazo. Después de una larga ducha se sintió mucho mejor y fue capaz de desayunar algo, a pesar de la hora que era. Decidió que se saltaría las clases de la tarde y se concentraría en transcribir la grabación de la noche anterior para ganar tiempo y hacer la tarea menos pesada que si lo dejara todo para el final. Encendió el portátil, y cuando termino de arrancar, puso en marcha la grabadora.
Al principio se tomó su trabajo con la concentración propia de un autómata escribiente. A pesar de unos extraños sonidos que interferían en lo grabado, tecleaba a buen ritmo ya que era algo que hacía continuamente y apenas necesitaba detener la grabadora para escribir algo que no le había dado tiempo o que no había entendido. Al principio no le dio importancia a dichos ruidos, hasta que en un momento dado le pareció que se convertían en una especie de risa desagradable, unas veces, en extraños gruñidos de disgusto, en otras, dependiendo de las repuestas que los Desquiciados daban a sus preguntas. Pero recordaba que durante la entrevista no había nadie en las mesas contiguas… A su mente, vino la imagen de los goblins de la película Dentro del laberinto. Tuvo que detener la reproducción y volver a escucharlo, hasta que se aseguró de que, efectivamente, todo parecía tener cierta relación con la manera en la que se desarrollaba la entrevista. 
Continuó como pudo, presa de una extraña sensación en el cuerpo que se acentuó cuando la grabación llegó al momento en el que Laura le había regado con su cerveza y tuvo que ir al baño. No lo recordaba, pero se había dejado la grabadora conectada esos breves minutos de ausencia. Al escuchar lo recogido en la grabación, no pudo evitar sentir como los pelos de todo su cuerpo se erizaban:
  • – ¡Basta ya, bichejos infectos! – estalló lo que parecía la voz de Laura, aunque mucho más grave, mientras el murmullo aumentaba de volumen ahora que estaban solos – ¡Al próximo que abra la boca se la coseré con sus propias tripas!
El silencio se hizo de golpe.
  • – Eso está mejor – de nuevo la voz de Laura, esta vez más… humana.
  • – Estamos haciendo un favor al chaval – añadió Javi con tono apaciguador -. Está enamorado el pobre. Si es consciente de vuestra presencia tendremos que arreglarlo de algún modo, y nos cae bastante bien como para tener que llegar a esos extremos. Sed comprensivos. De lo contrario…
Después, no se oyó nada durante unos minutos excepto el sonido de unos pasos que se acercaban a donde estaban. Tres ligeros golpecitos sonaron un momento después, Marco supuso que se trataba de la nueva ronda que había encontrado a su regreso a la mesa.
  • – Sera mejor limpiar el local – dijo Laura -. Tal como está el ambiente no quiero sorpresitas.
  • – Sí, además, cuanto antes acabemos mejor para todos. Sobre todo para…
Y la frase se interrumpió cuando, de nuevo, se escucharon otros pasos acercándose. Los suyos.
  • – ¿Ves lo que tengo que aguantar?…
Paró la reproducción y se secó el sudor frío que lo bañaba, mientras trataba de hacer volver a su corazón a su ritmo normal. ¿Pero qué estaba pasando? Durante la entrevista no había notado fuera de lo común, ni en el sitio ni en los propios Desquiciados, pero ahora… 
Era algo muy extraño, y a él, las cosas que escapaban a su comprensión le asustaban bastante. No era muy crédulo que digamos, pero al averiguar la fama de siniestros que tenían los Desquiciados, y más aún, después de ver y leer sus trabajos, una sensación de incomodidad se apoderó de él.
Después de dar muchas vueltas a la cabeza, y tras conseguir reunir el valor suficiente, pulsó de nuevo el botón de la grabadora. Para su tranquilidad, no se volvió a escuchar nada raro, tan solo su voz y la de sus entrevistados, que respondían amablemente a cada pregunta.
Ya más tranquilo, terminó la transcripción y tras repasarla, se tumbó en la cama mirando al techo y pensando de nuevo en lo que había escuchado. Por su cabeza pasó la posibilidad de no acudir a la cita de esa noche, olvidar la entrevista, y no volver a pisar en un kilómetro a la redonda por la taberna, que ahora le parecía de lo más siniestra. Pero, un poco la curiosidad, y otro poco imaginar la sonrisa de María cuando recibiese ese regalo, disiparon todas sus dudas y se levantó de nuevo para preparar las preguntas que haría más tarde a esos dos… personajes.

Colloquium (Acto I: El encuentro)


Marco miraba continuamente su reloj, nervioso. Impaciente. Hacía media hora que debería estar disfrutando de una agradable bebida en la no menos agradable compañía de María, su compañera favorita en la facultad. Tan favorita, que por fin había decidido proponerle ser algo más que compañeros de clase. Se habían citado en un conocido pub irlandés de la zona centro de Madrid. Un lugar cálido y acogedor, réplica fiel de las viejas tabernas originales de la madre patria Irlanda, donde el hecho de sentir una cerveza de trigo fresquita recorriendo el gaznate es capaz de hacerte olvidar por unos momentos de las preocupaciones mundanas. Mientras esperaba, y debido al retraso que acumulaba su amiga, había dado cuenta de un par de tercios y estaba a punto de acabar con otro. Cuando le dio el último sorbo y tras otros cinco largos minutos de espera, decidió pedir otro para tratar de calmar los nervios que a lo largo del día se habían ido instalando en él. Sin embargo, no tuvo la oportunidad de hacerlo, ya que su teléfono móvil dio dos breves pitidos, señal de que un mensaje había sido recibido. Que mientras esperas a alguien, que ya llega tarde, suene el móvil, suele ser mala señal. Marco también era de esa opinión, por lo que sacó despacio el aparato del bolsillo y casi de reojo, sin ganas de hacerlo, miró la pantalla. El techo pareció venírsele encima cuando sus temores se hicieron realidad. En un breve mensaje, sobrecargado de smileis tristones a cada dos palabras,  María le decía que le había surgido algo importante de última hora y no podía acudir a la cita. “Lo de siempre, vamos”, pensó Marco, al que la decepción que lo invadió se agarró a su estómago. Se sentía la persona más desgraciada de la Tierra. O la más pelele, porque no era la primera vez que algo así le ocurría. Nunca había tenido suerte en ese sentido, si es que la suerte tiene algo que ver.

 Apuró las últimas gotas de cerveza  y decidió hacer una visita al servicio antes de volver a la soledad de su pisito alquilado, a lamentarse de su desgracia. Quién haya estado alguna vez en ese local sabrá que si te entran ganas de ir al baño no debes esperar al momento en el que tu vejiga llegue a su límite, porque el camino hasta llegar a él, si te has quedado cerca de la puerta de entrada, como era el caso, se te puede hacer muy largo. No lo había tenido en cuenta, claro. Sus pensamientos habían estado ocupados en otras cosas, pero tendría que recorrer los casi cuarenta metros que le separaban de él a paso ligero si no quería armar una buena. Caminó deprisa pero con discreción, ya que tampoco quería llamar la atención, y al llegar a las escaleras que descendían a su anhelado destino y girar en el recodo para seguir bajando, se topó con alguien que subía distraído y chocaron sin remedio.

–    Ten cuidado tío – le dijo un chico alto, de ropa oscura.

Marco se disculpó, deprisa y corriendo, y siguió su camino casi con lágrimas en los ojos, ya que el golpe lo había recibido exactamente a la altura de la vejiga, que ya estaba a punto de reventar. Mientras por fin vaciaba su contenido en el urinario de turno, la imagen que ilustraba la camiseta de la persona con la que había chocado comenzó a rondarle por la mente: un siniestro personaje con la cara oculta en sombras, le miraba con dos ojos rojos como la sangre y embutido en una camisa de fuerza en lo que parecía una fría celda de un manicomio. Pero, ¿dónde había visto antes ese dibujo?

Mientras se subía la cremallera del pantalón, y pulsaba cuidadosamente con la punta del dedo el botón de la cisterna, lo recordó. Era uno de los personajes de aquella página web que tanto le gustaba a su compañera María, “Los niños malos” o algo así. Le había hablado varias veces de ella, una página de historias siniestras protagonizadas por niños. A Marco nunca le había dado por leer ninguno de los relatos, aunque debería haberlo hecho, aunque sólo fuera para poder mantener una conversación con la chica, pero había visto los dibujos y la verdad es que llamaban la atención. No tenía ni idea de que hubiera camisetas de eso, así que se le ocurrió que podría tener un detallazo con ella si se presentaba en clase con una camiseta de uno de los niños y se la regalaba. A pesar del plantón, no perdía la esperanza el pobre. Pero lo cierto es que no tenía ni idea de dónde podían venderlas, así que no se le ocurrió otra cosa que subir de nuevo corriendo las escaleras, buscar al que la llevaba puesta y preguntarle donde la había conseguido él.

 Avanzaba fijándose en la gente que había sentada a uno y otro lado del corredor, y lo descubrió sentado en un gran sofá de cuero rojo, justo donde el corredor hacía esquina, junto a una chica, que también vestía ropa oscura y que daba buena cuenta de una pinta de cerveza.

–    Perdona por lo de antes – le dijo Marco al chico, para romper el hielo, cuando llegó hasta ellos – llevaba un poco de prisa y no te vi venir.
–    No pasa nada, no te preocupes – le respondió sonriendo con los labios cubiertos de la espuma de su cerveza y añadió -. Espero que no llegases tarde a tu cita…
–    ¿Mi cita? – ¿Cómo sabía él lo de su cita con María?
–    Si hombre, parecía que te urgía mucho acudir a tu cita con el señor Roca – y rió, mientras se limpiaba la espuma, ante ese viejo chiste antes de llevarse su jarra a los labios.
–    Perdónale – dijo entonces su amiga -, ha bebido un par de estas y se le suelta la lengua.
–    No pasa nada. Sí, sí he llegado a tiempo – y Marco le sonrió también.
–    Eso está bien.
–    Oye, me he fijado en la camiseta que llevas – le dijo, y al hacerlo, la extraña pareja se miró por un momento – ¿Dónde la has comprado? Me gustaría regalarle una a una amiga.
–    ¿Te gusta? La hemos hecho nosotros.
–    ¿Cómo que la habéis hecho vosotros? No lo entiendo.
–    El diseño es nuestro, o sea, que Laura lo dibujó. ¿Conoces nuestra web? – respondió el chico interesado.
–    He visto un par de veces la web donde sale ese dibujo, sí. Pero, ¿me estás diciendo que vosotros sois los que hacéis esa web? Entonces sois los…  – no conseguía recordarlo, pero afortunadamente enseguida le vino a la cabeza – ¡Los Desahuciados!

El chico, que acababa de tomar con otro trago, casi se atraganta. La chica, que también reía le daba palmadas en la espalda mientras a Marco se le subían los colores de la vergüenza, porque no sabía qué había dicho para provocar tal reacción.

–    Espero que no te dediques a la adivinación y que eso haya sido una visión de futuro… – respondió la chica con una sonrisa burlona -. Supongo que querías decir Desquiciados.
–    Eso, Desquiciados. Joder, qué vergüenza. Lo siento mucho.
–    No te preocupes, lo extraño sería que nos conocieras. Este que ha estado a punto de ahogarse, y qué gran favor para la humanidad hubiera sido, es Javi, y yo soy Laura.

Marco también se presentó, aunque no sabía dónde meterse mientras el Desquiciado por fin volvía a respirar normalmente. En ese momento tan embarazoso le vino a la cabeza otra idea que sería mejor aún que la camiseta. Y más barata.

–    Me preguntaba si seríais tan amables de dejarme haceros una foto. Es para una amiga que adora lo que hacéis. La subiría a su Facebook con el teléfono, y si fuerais tan amables de escribirle una dedicatoria en los comentarios…

Tras decir eso, las lámparas que iluminaban el rincón parpadearon por un segundo como si estuvieran a punto de fundirse las bombillas.

–    Lo siento tío, pero las fotos son un tema tabú para nosotros – respondió Javi muy serio de repente mientras le hacía a escondidas un gesto para que evitase el tema. Pero Marco no estaba dispuesto a rendirse.
–    Por favor, es un momento nada más. Solo una…
–    ¡Que no hay foto! – le cortó Laura echando fuego por los ojos -. Si te podemos ayudar de otra manera… – añadió al momento mientras trataba de calmarse cogiendo aire y soltándolo muy despacio, algo que terminó de convencer a Marco para olvidarse de la foto. Por el momento.

Se quedó en blanco por un instante mientras veía como la cara de Laura recuperaba su tono pálido de antes. Javi la miraba de reojo con una media sonrisa mientras bebía de nuevo de su jarra, que ya estaba en las últimas. Entonces, otra idea repentina acudió en ayuda de Marco, aunque no estaba seguro de que les hiciera mucha más gracia que lo de la foto, pero tenía a su alcance la posibilidad de poder ofrecer a María un regalo que, estaba seguro, nunca esperaría.

–  Se me ocurre otra cosa. A lo mejor os suena un poco raro – comenzó a balbucear -, pero puede ser interesante para todos.
– Bueno, pues tú dirás. Habla sin miedo, que a pesar de lo que has visto, no nos comemos a nadie –  dijo Javi mientras buscaba a una de las camareras para pedir otra ronda – ¿Quieres una birra?
– ¿Eh?, sí, vale, ¿por qué no? Así os cuento mi idea tranquilamente.

Cuando por fin consiguieron atraer la atención de una de las chicas, esta se acercó, recogió las dos jarras vacías y preguntó si necesitaban algo más. Ellos pidieron dos pintas, y Marco se decidió por otro tercio, lo que provocó que ambos le mirasen con gesto torcido. Casi con desprecio.

–    Cuidado, a ver si vamos a tener que llevarte a rastras a tu casa…

Notó como le subían de nuevo los colores, pero cambió rápidamente de tema y pasó a contarles su idea.

–    Veréis, tengo un blog en el que escribo de lo que se me pasa por la cabeza, y a veces hago una pequeña entrevista a alguien con conocimientos en el tema en cuestión. ¿Qué os parecería ser entrevistados? Os serviría para  dar a conocer aún más vuestros trabajos. Mi blog es seguido por casi quinientas personas – añadió con orgullo -. Además, creo que sería un regalo de la leche para María el poder conocer un poco más los secretos que hay detrás de los creadores de esa página que tanto le gusta.

La camarera volvió con dos enormes vasos, y una botellita, llenos hasta el borde y los dejó en la mesa antes de volver por donde había venido. Cuando Javi la liberó del abrazo de su mirada mientras se alejaba, miró a Laura con una sonrisa cómplice. Ella negó con la cabeza y puso los ojos en blanco.

–    Hombre, secretos… – dijo ella dirigiendo de nuevo su atención hacia Marco – Pero parece una buena idea. La verdad es que cuanta más publicidad tengamos mejor para nosotros, y si tú te ofreces a hacer esto por voluntad propia…

–    Sí, sí, claro, como os he dicho, además de servirme para aumentar contenido en el blog sería un regalo original para mi amiga.

–    Supongo que tendrás que preparar las preguntas, ¿no? – añadió Javi, a lo que Marco respondió afirmativamente – Si quieres podemos quedar mañana aquí y nos ponemos con ella.

Le pareció una buena idea, así podría investigar un poco acerca de ellos y su trabajo más profundamente, porque, la verdad, solo había visto algún dibujo deprisa y corriendo.

Terminó su tercio, se despidió de ellos dándoles las gracias y se levantó para irse. A medida que se acercaba a la salida, con un ligero mareo ya que cuatro tercios para él era su mejor marca en cuando a ingestión de cerveza, le pareció escuchar, por encima del sonido de sus pasos sobre el suelo de madera, unas extrañas y desagradables risitas a su alrededor que estaba seguro de que no provenían de los clientes del local, que charlaban en voz baja unos con otros. Además, las fotos antiquísimas, que adornaban el local parecían querer llamar su atención de alguna manera, aunque cuando se fijó en ellas tan sólo veía formas oscuras y borrosas, algo que achacó a los efectos del alcohol ingerido.

Dos días más tarde pensaría en por qué no se tomó esas señales mucho más en serio…

Colloquium (Prólogo)

Las gotas de lluvia caían con fuerza sobre las oscuras calles, a esa hora tan tardía. Un relámpago se elevó sobre las azoteas de los edificios y por un momento iluminó sus rígidas siluetas, y pocos segundos más tarde retumbó el inevitable trueno, que indicaba que la tormenta no estaba demasiado lejos de allí. Permanecieron en el sitio, inmóviles y con la mirada fija en el número del portal del edificio que tenían en frente. Intercambiaron una significativa mirada y la levantaron en busca del balcón del piso al que habían de acudir, ya que en él se hallaba algo que quizá jamás debería ser dado a conocer.
Con la seguridad de estar a salvo de miradas curiosas, extendieron sus negras alas, se impulsaron para comenzar a elevarse  y volaron raudos hasta el balcón. La puerta corredera permanecía entreabierta. El agua golpeaba con fuerza el cristal y se colaba en el suelo de la vivienda sin que nadie le pusiera remedio. Dentro estaba oscuro. Tan sólo la luz procedente de la pantalla de un ordenador portátil, que descansaba sobre una mesa atiborrada de libros y papeles desordenados, luchaba contra la penumbra que cubría el lugar.
Replegaron las alas y volvieron a su forma mortal antes de entrar en el piso. En cuanto estuvieron dentro, vieron el cuerpo de Marco tendido en el suelo. Inmóvil. Con la mirada, propia de un lunático que contempla perplejo como la cordura huye de él, clavada en el techo. Parecía que no respiraba. Pero sí, lo hacía muy lentamente. Una de las figuras pasó una mano por delante de sus ojos, pero no se produjo reacción alguna.
Su atención se centró entonces en la pantalla del ordenador. En ella, una imagen lo ocupaba casi todo. Una fotografía. Ambos sonrieron ligeramente antes de hacerla desaparecer. A la vista quedó, entonces, el panel de control de un blog. Una nueva entrada esperaba impaciente la confirmación para ser publicada y ser vista por los casi quinientos seguidores del sitio. “Para María”, se podía leer al comienzo del texto. 
Con un click del ratón abrieron la vista previa de la entrada y leyeron con atención. En ella se encontraban todas las respuestas…

DSC Horror Series 2: 08 – Dr. Herbert West y Dr. Carl Hill (Re-animator)

Es época de vacunarse contra la gripe negra y es, no nos avergüenza decirlo, un momento temido por ambos. No es que nos den miedo las agujas, ni ningún aparato puntiagudo, ni mucho menos. Entenderás todo cuando te digamos que nuestro médico no es un doctor normal y corriente, de sonrisas y buenas palabras mientras te dicen que sufres una enfermedad mortal, no. Verás, sabemos que a las brujas, sí brujas de las de escoba y gato negro, de administración del hospital que nos corresponde no les caemos muy bien. Viejas rencillas sin resolver, ya sabes lo rencorosas que pueden llegar a ser. Por lo que han tenido la mala baba de asignarnos al Dr. Herbert West como médico de cabecera. ¿Que quién es el Dr. Herbert West? Mejor lo dejamos aquí.